Castillo
Del siglo XII, de origen musulmán. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.
Presenta un doble recinto amurallado, levantándose la gran torre del homenaje en una esquina del mismo, al borde de un precipicio. Las murallas son de mampostería, con un estrecho camino de ronda, protegido por una barrera con troneras que sirven de elemento defensivo. Una vez traspasada la puerta principal con arco de medio punto realizado en sillería, nos encontramos con la barrera interna, mucha más alta que la primera, y con los restos de un aljibe. Este muralla interior está delimitada por tres cubos, siendo el central circlar, mientras que los laterales son semicirculares, careciendo de almenado por estar destruido a la altura del adarve. Uno de estos cubos presenta los restos de un habitáculo con bóveda apuntada. Para acceder al patio de armas debemos atravesar una pequeña sala rectangular con bóveda de ladrillo de medio cañón. Una vez en el patio, y fruto de las excavaciones realizadas hace unas décadas, se pueden apreciar los restos de las numerosas dependencias que formaban el castillo medieval.
Según los datos proporcionados por diversos documentos del siglo XV, las edificaciones existentes en esa época eran, entre otras, las siguientes:
La habitación de vigilancia destinada al cuerpo de guardia.
El Palau Nou, como así se denominaba en el siglo XV, era uno de los principales edificios del castillo. Ese término no hay que interpretarlo como residencia de nobles, sino como edificio que, por su calidad, amplitud y materiales, se destinaba a albergar al alcaide y a su familia. En la cocina se encontraban varios hornos empotrados en los muros y una gran chimenea.
La capilla o iglesia es un elemento que se encuentra en las principales fortalezas. También la tuvo la de Biar, bajo la advocación de Santa María Magdalena.
Encima de la capilla se situaba el comedor del castillo.
Los aljibes, destinados a conservar el agua de lluvia para el autoabastecimiento de la población de la fortaleza, eran fundamentales en los castillos. En el de Biar se localizaban dos, estando uno de ellos excavado en la roca. Como complemento, y para que el agua llegara a estos depósitos, se construyó un sistema de canalización, aún visible en la actualidad, con tuberías de alfarería que desde los tejados de las construcciones que rodeaban el patio de armas, conducían el agua hasta los aljibes.
Desgraciadamente, de todas estas dependencia, apenas se conservan en la actualidad algunos restos; el hecho de que el Castillo de Biar fuese utilizado como cementario en el siglo XIX produjo en sus murallas graves deterioros al excavarse en ellas los nichos. Por fortuna, no podemos decir lo mismo de la soberbia torre del homenaje, la cual se conserva en muy buen estado.
La torre del homenaje está realizada siguiendo la técnica del tapial y con una altura próxima a los 20 metros, siendo el único elemento atribuible a época islámica que se conserva en la fortaleza. Técnica y tipológicamente podemos compararla con las torres próximas que se encuentran en los castillos de Villena, Bañeres, Novelda y Elche. La torre se distribuye en tres plantas, atribuyéndose las dos primeras a la época almohade y la última a la arquitectura mudéjar. Se remata con balcones amatacanados a los cuatros lados, conservándose en la actualidad solamente sus arranques. Ya en su interior podemos observar como la primera sala se cubre con bóveda de cañón, mientras que la segunda lo hace con bóveda de arcos entrecruzados, siendo, sin lugar a dudas, el elemento más singular de esta torre. Se trata de una pieza que no puede desligarse de las dos bóvedas existentes en el castillo de Villena, así como de las conservadas en la mezquita de Muley Abdallah en Fez y una de las bóvedas de un alminar en Marrakesh, edificios fechados en la segunda mitad del siglo XII. El centro de la bóveda se adorna con una roseta -similar a una existente en el castillo de Villena- enmarcada por las claves de los arcos, delimitando en el centro de la bóveda una estrella. La última planta, como ya hemos indicado, está rehecha con posteridad (siglos XIV-XV), cubriéndose con una falsa bóveda de ladrillo. En esta parte superior de la torre, la solución empleada para cubrir el pasillo por donde asciende la escalera consiste en aproximar las hiladas de ladrillo hasta que se juntan. Desde la terraza de esta torre, carente de almenas en la actualidad, podemos contemplar todo el trazado medieval de Biar y su magnífico patrimonio forestal.